domingo, 26 de diciembre de 2010

David , Caitulo 4, Biker

La vista desde mi azotea fue impactante, es como ver una ciudad asediada en una guerra, el cielo rojizo de la mañana  ilumina miles de columnas de humo, como si cientos de casa ardieran en llamas desde el día anterior, aun se oyen disparos distantes, sirenas lejanas, es fácil oír a la distancia, el barullo de la ciudad ha cesado, ha sido cambiado por un gemir constante de los no muertos.

Mi plan parce no ser muy bueno después de ver esto, pero aun creo en él,  los pasos están bloqueados pero aun puedo pasar a través de ellos. Buscare unas armas.

En la casa del vecino hay algunas herramientas de jardín, creo que pueden servir pero están al fondo de su verde patio, tendré que bajar a una nueva casa que no he explorado, creo que nunca he estado en esa casa, me servirá de práctica para después cuando tenga que revisar algunas casas.

La pequeña escalera negra bloqueada por aun por la lavadora no se ve muy segura bajo lentamente y paso encima de la lavadora, tengo un cuchillo de chef en la mano y el corazón en la otra, la escalera da aun pequeño cuarto matrimonial, cosas de la pareja de ancianos que habitan la casa.

Hay sangre en el marco de la recamara contigua,  un ruido y pasos del otro lado, me acerco un poco, para ver que es, pero me ha visto primero, la señora que era mi vecina ahora tiene los ojos rojos, y camina hacia mí, más rápido que aquel de la noche anterior me derriba, en otras circunstancias no lo creería.

Su cara esta sobre la mía y la he tomado por el cuello intentando alejar su boca de mi cuerpo, sus manos desesperadas intentan sujetarme. Logro poner un pie justo en su abdomen, y de un impulso la empujo contra la pared, del fondo de mi pantalón, tomo un cuchillo mientras ella de nuevo se levanta, pero esta amenaza no la aleja y de nuevo se abalanza sobre mi carne, con un movimiento rápido le clavó el cuchillo justo entre sus rabiosos ojos, su impulso le clavo el aquel cuchillo aún mejor  de lo que yo lo hubiera hecho, me cuesta trabajo sacarle aquella navaja.

Parce no haber nadie más,  además de ella el cuerpo desmembrado de su esposo en el cuarto contiguo. Ni siquiera se lo ha comido, solo lo mastico hasta la muerte. ¿No es el hambre lo que los invita a masticar?

Reviso lo que queda de casa,  ha valido la pena, entre las herramientas, dos largas tijeras, un poco más del largo de un cuello humano, y una hacha, me voy a divertir, mi regalo de navidad, digo y sonrió.

Pero la verdadera sorpresa es la camioneta que tienen en su garaje, subo al cuarto de nuevo, en uno delos ensangrentados bolsillos del pobre hombre encuentro las llaves.  Las guardare por si tengo que regresar  a casa.

Tomo lo que necesito, mas cuchillos y una lámpara en mi casa no hay. Guardo todo en mi  pequeña mochila de bolsa. Me he puesto mis guastes de biker y ropa gruesa, creo que eso funcionara, alguna vez oí decir a Alan que eso funcionaria.

Mi vieja bicicleta esta en nuestro garaje, creo aún se puede entrar hay una puerta que esta atorada, la otra está bloqueada por los escombros quemados, de varios empujones, logro abrir la puerta atorada, un poco de ruido, espero no haber llamado mucho la intención, la hoguera está apagada, pero afuera no se ven tantos caminantes como ayer, la cierro, hay dos bicicletas dentro, ningún carro.

La bicicleta de mi primo esta empolvada más aún que la mía, desde que la trajo no la ha usado,  la mia la he reparado mil veces, espero no me falle. Creo que estoy listo. Quito los seguros sin abrir la puerta, monto mi bicicleta y me lleno de falso valor.  Con una mano empujo las puertas que se abren,  me lanzo a la calle.

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